LA ESENCIA DE LAS COSAS

“Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado, ni a la Iglesia, que tiene otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraria a nadie no es filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Solo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento en todas sus formas.
[..] En fin, hacer del pensamiento algo agresivo, activo y afirmativo. Hacer personas libres, es decir, hacer personas que no confundan los fines de la cultura con el provecho del Estado, la Moral o la Religión. Combatir el resentimiento y la mala conciencia que ocupan el lugar del pensamiento. ¿Quién a excepción de la filosofía se interesa por ello?”

Gilles Deleuze: ” Nietzsche y la filosofía”.

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NO SABER

Nunca sé comenzar un poema. Nunca sé poner un pie delante de otro, los pies rivalizan y cada uno va hacia un lado. No entienden de palabras ni de sendas.  Nunca saben dónde está el vacío

LA CENIZA DE LA LUMBRE

Llego requemada,  azotada por sol y el viento. Llego a  un desierto de luz, polvo y tierra.  Ella,  no me  mira, gira la cara, lanza un suspiro a la nada y  comienza un ronroneo,  una salmodia que  recuerda la letanía en casa de un difunto.  Solo yo percibo ese murmullo gris. Es como una  bofetada fría  y serena en el rostro llagado de los días. Yo sí la miro. Vestida de acero y sin fe,  limpio  mantos sutiles que acunan moscas y polillas embalsamada,  riego  la adelfa golpeada por siglos sin lluvia, sin palabras, sin gestos, sin pasos, sin voces… La adelfa que plantó mi padre. Abro las ventanas que dan al sur y un sol atrevido y poderoso se duerme en los rincones más escondidos, desempolvo los espejos y los símbolos antiguos resucitan,  los nomeolvides renacidos siguen tozudos como el tictac del reloj.  Mi traje resiste como un Titán. Resiste las sombras, las voces del silencio  y  la culpa. La culpa que salta  los peldaños de dos en dos sin encontrar la salida.  Froto el fracaso  con estropajo de cobre y solo consigo resaltar el brillo de todas las derrotas.

FRUTERA ABANDONADA

He comenzado este blog como quien se sube al granero y desde una ventana, que suele ser la más alta de la casa, arroja un cubo de agua a la calle. Que nadie se asuste. El agua es bendita, limpia y cristalina, como cualquier río pirenaico. Un río que ojalá llegue al mar.  El título  cada uno  puede aplicarlo donde mejor le cuadre. Hay tanta variedad y cantidad de bancarrotas… Seguro que quien más quien menos tiene alguna  para enmarcar. Yo llevo varias encima. Todas no las voy a relatar, pero la última como la imagino muy común y compartida,  pues mira,  la  dejo aquí, a ver si el come, come, ese que me raya,  me deja tranquila de una vez. Pues nada, que mi identidad se ha ido al garete más extremo,   ha sido usurpada, eclipsada y abolida por la de mi ex.  Ya nadie me conoce por la Pili. Desde que me separé, en el barrio soy  “La del  frutero”.  Cuántas veces me lo dijo mi madre: ” hija mía, tú no vales pa’ casada” tenía toda la razón, pero vi al Lucas y me empeñé con él,   ya ves la consecuencia:  mi nombre sepultado entre coles, mangos y papayas. En fin a lo hecho campanadas a medianoche.  Ahora en caliente no voy a hablar del Lucas, de nuestros rifirrafes y de lo aburridos que estábamos el uno del otro, para qué,  bastante tengo con lo mío: en la calle y con menos de trescientos euros en la cartilla. A ver qué hago  con mi vida después de tantos años vendiendo coles y lechugas, pues lo que hacemos todas, me dice mi amiga Ele,  buscar trabajo en lo que sea: Coser. Ayyy, coser no, que no sé. Pero sé lavar, fregar, planchar, cuidar, etc. veinte dedos, dos manos y dos pies serán suficientes para sostenerme. Así que de momento, y como dudaba entre tirarme por la escalera o tirarme algo encima he decidido comenzar este blog que, como mi vida, no va a tener una línea argumental, será a mi marcha,  a mi manera, puede ser de cualquier cosa que me apetezca o me llama la atención. He vivido subyugada demasiado tiempo. A partir de ahora mismo, lo que me de la real gana.  Ay, libertad, qué bonito nombre tienes.