EL PIE DE LA LETRA

Fotografía/Azurea20

El pie de la letra. Nada se escribe al pie de la letra.  Yo juego con la letra y todo lo escrito es un parchís de fichas de colores. Un ajedrez de blancas y negras.  Un aro que rueda por el polvo. Un tute. Un mus. Un salto de pértiga. Un escondite. La verdad es frágil  y no puede andar a cuerpo por los cimos airados de la intemperie. No conviene dejarla en este páramo de hielo, mentiras y cintas de vídeo. Nada es lo que parece. Me cuentan que, la verdad de la palabra, solo unos pocos la descubrieron fraguada en la desobediencia de las nubes.

RIZANDO EL RIZO (1807)

Ilustradora/Rocio Aroya González

Yo no escribiré los versos más tristes.
Ni cuando estés
Ni cuando te hayas ido
              
    porque tú te irás
                                 Tú te irás
                                       y
yo me negaré a darle cuerda
                             a la tristeza.
                                

LOBA

FOTOGRAFÍA/AZUREA20

Me llamo Loba y pueden encontrarme en la selva salvaje del paseo de los tilos. Pacífica, con el corazón de loba escondido en mi bolso marrón.

Mis garras y mis uñas trepan a la copa más alta del tercer tilo de la derecha, quiero remendar las desastres más recientes y ver lo que nadie ve.  Acomodo mi cuerpo y pongo mis ojos en el asfalto: Un balancín cojo  , un tullido afinando conciencias, un músico callejero con  temblor sostenido. Flores de humo. Eriales sin semillas.    No es fácil este ejercicio de equilibrio y hueca solemnidad en un espacio donde las puertas verdes  permanecen cerradas a cal y canto. Tampoco son previsibles   sorpresas por el  entorno, salvo un olor a incienso seco procedente de  los templos más venerados. Confieso que las puertas verdes cerradas estremecen mi humor y que el olor a incienso me confunde. De modo que  a pesar de estar distante del suelo   no consigo vencer el vértigo del abismo. Hay un reloj  marcando las horas,  mi piel se apaga, languidece y arrastro mi pelo cobrizo por la yerba quemada de pisadas inmisericordes. ¡ Loba! Tienes la fuerza que crees .  Yérguete, luce tu entereza, levanta la bandera que pespunteaste la tarde del atropello. La tarde en que alguien quiso arrojarte lejos del bosque de los lirios azules.

TIEMPOS DE PANDEMIA

Tras esta corta pausa, revuelvo entre mis cosas y nada.  Así que colgaré algunos de mis comentarios a un blog que sigo. Un bloguero intenso, provocador en ocasiones faltón. Formas  y contenidos que no comparto en absoluto. Ahora bien, cuando se aleja de ese lenguaje punzante y su voz se centra en lo propiamente humano, cuando pone el acento en cualquiera de aquellas tres heridas de las que habló el poeta. Hay que leerlo.

Ante sentimientos contrapuestos e intensos, la ironía y humor rebotarón como una piedra plana arrojada a un lago. Y desde ahí van algunos de mis comentarios. 

Al comenzar la pandemia

“Llevo sin abrir las ventanas veinte días.  A mí si me da por pensar,  siempre son chorradas,  pensar chorradas entretiene mucho. Un día me dije: “estos jodidos aun han de entrar por la ventana” y mira tú. ¡ Tres  horas volando!.  Tranquilo eh. Releja tu fisiología, que este virus te pone mucho.  Yo inventando mascarillas para las pobres golondrinas”

“¡Madre mía! qué bocio tiene esa  mujer de la imagen, y por si fura poco soportando en sus brazos a una criatura, más la que lleva  detrás. ¡pobre mujer!… Este mundo es un sindiós En fin, una pena  y encima la España con los virus como perdigones. Yo no he  oído  lo de los perdigones, pero si tú lo dices,  será verdad. Otra cosa, Y eso de quemar brujas?. ¡Qué miedo!. Por favor, si llegara a producirse semejante barbaridad, no añadas ninguna ramica al fuego eh¡,  que capaz te creo de todo. Lo digo  porque  yo, además de ser cobarde,  sin querer y sin buscarlo he descubierto que  soy medio bruja. Si me han de quemar que sea con reglas fijas. Que solo metan mano los encargados de la hoguera, nadie más.  Salud y a soñar”.

“Mucho mejor te sientan estos poemas de amor, aunque sean un poco desesperados, que el furor de los martillazos, el tiro en la nuca, la hoja afilada del cuchillo, las madres putas y el rollo de las mascarillas, por no hablar de la chusma.  La chusma nos apañamos como podemos, dichoso tú aguerrido  y valiente soldado. En serio, tus poemas me encantan, pero cuando empiezas con hijos de puta, piojosos, mierdosos y fascistas, que de esto habría mucho que hablar la cagas, aparte que con esas rabias  igual te ca-r-gas el hígado. Yo me controlaría un poco, porque total…Salud”.

“Llevas unos días muy malos. Mortales. Quiero que sepas que he comenzado una novena por ti a San Casildo .  No obstante, mañana hay un concierto de grillos, igual eso te anima  una miaja”.

“!!!Madre de las Lilas!!!. Hoy te has venido abajo de mala manera. Ufffff,   O calvo o dos pelucas. Ya no rezo más.  A ver qué le digo yo a San Casildo. 
Una cosa.  Sabes cuál es hoy el atributo masculino  más en alza: la mandíbula, tío. Donde haya una buena mandíbula… Tú práctica, practica  hasta conseguir una potente quijada y verás como  chulea tu autoestima.  Déjate de mira que machote que hay mucha “falsedá” en eso también.  No dejes que le tarde te atormente. Y el gatito sácalo de la ventana que creo que se quiere tirar. Salud”.

“Mis primeros rezos por ti fueron motivados  por tus penas de amor,  quería liberarte de las flechas envenenadas  de ese angelote estúpido. Aquí sí que no van a valer novenas, ni plegarias ni nada. Con lo del amor fue fácil: una Ave María  por la mañana y otra por la tarde y asunto cerrado.  Pero ahora va a ser imposible.  Ya sé que no quieres que rece por ti, que  tú mismo reconoces que no tienes remedio, pero hijo te leo y me digo: “A su manera, pero otro  Simón del desierto, ahí, él solo dando voces”. Ay, pecador.  Como estamos en semana Santa igual lo intento con una estación del Vía Crucis.  Creo que empezaré con la primera caída”.

“Lo veo, lo veo. Cómo tiembla emocionada la rama del pino al que trepaste ayer.  Vivir el confinamiento en la copa de  un pino verde igual tiene su punto.  Mi patio solo tiene cactus”.

Estos comenterio fueron publicados en su momento.

VAMOS A SER FELICES

Vamos a ser felices un rato, vida mía,

aunque no haya motivos para serlo, y el mundo

sea un globo de gas letal, y nuestra historia

una cutre película de  brujas y vampiros.

Felices porque sí, para que luego graben

en nuestra sepultura la siguiente leyenda:

“Aquí  yacen los huesos de una mujer y un hombre

que no se sabe cómo lograron ser felices

diez minutos seguidos”.

 “Vamos a ser felices”  Luis Alberto de Cuenca

…A LA LLORERÍA

Fotografía/FREDDY FABRIS


Desde hace bastante tiempo los muros de las ciudades se han convertido en un parlamento improvisado, inconcluso y en la mayoría de las ocasiones sin réplica. Lo mismo que  aquello  de “Mari, vuelve.” Un  deseo escrito en la pared que ahí quedó,  como una  interrogación eterna. 

A mí que expresen sus anhelos, denuncias y consignas en un “murete” no me molesta. Ahora bien  el discurso ha de ser   claro, completo,  sin  una duda y sin meter  al vecindario una preocupación más en el cuerpo.   Hace unos días , cuando el sol abrasó la tierra y yo estaba a punto de convertirme en charco, en una pared recién encala puede leer: “A llorar a la llorería”. La idea me pareció genial, pero el escrito cojo. Una frase ingeniosa, con gancho y nada más. Una incógnita que sumar  a las muchas que cada uno soporta. Porque  vamos a ver: ¿existe la lloraría? . Si existe: ubicación , horario de apertura, cierre y día festivo. Indicar si la llantina ha de ser por algo concreto,   o valen lágrimas  por cualquier cosa.  Falta mucha información  en esa pintada. No hay que  jugar con vaguedades,  independientemente  de  que  sería estupendo que existiesen lugares así.  Os imagináis un espacio donde llorar a lágrima viva, llantear a todo fuelle, extender las penas como  pétalos de rosa. Moquear a lo grande, layar hasta reventar de gusto  sin  molestar a nadie, sin aburrir ni agobiar al personal. Un refugio liberador para las noches de calles mojadas.

Avanzaba en mi paseo, ya casi fundida con el asfalto, cuando  me dio por pensar que  deberían existir garitos para cada manía o  emoción que nos tortura. Sobrarían psicólogos, psiquiatras, curas, maestros espirituales y amigos que huyen cuando ven que nos acercamos con el cesto de los lamentos.  Lugares especializados para hipocondríacos,  lunáticos, atacados por la ansiedad,   insomnes,  estreñidos, los que no pueden vivir sin el cuscús,  los narcolépsicos, los adictos a la laca, los desencantados de la vida,  los sonámbulos, los ninfómanos, los que quieren y no pueden, los que aman sin medida. No voy a seguir porque esto no tendría fin, pero estoy segura de que seríamos mucho más felices si cada uno tuviese un  sitio exclusivo donde confesar su flaqueza o  airear su grandeza. No lo puedo afirmar aun, pero igual, dependiendo de cómo vaya la cosa, algún día monto yo uno, entre tanto, como no tengo planes para estos meses de socarrina, me dedicaré a dar con la llorería y cuando refresque ya veremos.

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No es correcta la palabra ninfómano , pero sí es correcta la palabra ninfomanía, siempre atribuible a la mujer. A mí me gusta poner ninfómano. Aunque para el hombre lo correcto sea sátiro, no es un vocablo frecuente, sin embrago es muy conocido y usado el de ninfómana.

SOLEDADES (Acróstico)

Sola al terminar y al empezar salvo por este arcoíris

Ondearé la única quimera  cuando el  dolor sea nada

Líame con tu brazo y haremos dos

En este cuerpo yermo de tu cuerpo

Décadas viviendo mirando al sol y no viendo nada

Anticipo el día en el que moriré pero no el día en el que viví

Dos o tres y dime hasta dónde quieres contar

Esta vez sólo será el eco

Sonando mi corazón en el tuyo

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POEMA COLECTIVO (ACRÓSTICO)

Para escritores: El decálogo – Juan Carlos Onetti

Acuarela de palabras

13 de Junio – Día del Escritor (en Argentina, en homenaje al nacimiento de Leopoldo Lugones)

I. No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II. No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Este solo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III. No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV. No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

V. No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI. No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII. No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando…

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