EL CALCO DE LOS DÍAS

Fotografía/Laura Makabresku

Un viernes cualquiera
extiende la claridad de la hora su eco inmenso. El eco raya la tarde y la luz. Nadie espera nada. Miles de ojos contemplan un  día que se parece al de  ayer. Ayer la tarde extendió un mismo eco, una misma claridad. Idénticos. No obstante  todos siguieron con sus útiles de cortar cañas, de vender garbanzos, de airear las sábanas  de  hacer cosas que no son lo que parecen.  Un amor pegajoso, igual que ayer, sigue enroscado, como un ciempiés , en la nuca rapada del joven bicolor. Allí duerme o agoniza. Lo ignoro.
No puedo apartar mi mirada de  ese  ciempiés que parece muerto de hastío, justo ahí, en el punto exacto en el que se hunden los barcos.

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Destaco ese «ENROSCADO» porque estaba muy mal «EN – ROSCADO»

Siento que puede haber muchas como estas. Soy muy mala en el «tecleteo».Por más que lea y relea los textos no lo veo. Despues de no sé cuántos días me he percatado del «enroscadillo» ¡¡¡Qué cruz!!!