VOLVER A LAS ANDADAS

FOTOGRAFÍA/PEDRO LUIS RAOTA

Hoy, después de dos años, me he sentado a desayunar sola en un cafetín. No, no  creo que haya recuperado una viejísima costumbre. Simplemente se ha dado la circunstancia. Me he transportado: sonidos diversos, chasquido de platos, tazas,  jóvenes camareras que van y vienen. Una ruidosa algarabía que no me molesta. Me gusta sentirme rodeada de voces, como una gata en su sillón favorito . Es milagroso, durante años lo consideré el mejor momento del día. Feliz en mí misma. En ese instante, sola yo, con el ruido del mundo. Esos lugares me inspiran. Esto solo lo consigo por la maña, un café y lectura,  sobre todo periódicos. Preocupante la necesidad de mi  dosis diaria de mentiras  o medias verdades, y  alrededor el mundo con su blablablá. Por momentos me sobrevuelo a un  lugar que ni yo misma  reconozco, floto, me olvido de todo lo que no quiero recordar. Desaparezco. Ahí ,  donde acostumbran ,quedan todas  las cosas,  envueltas en  la roñosa realidad.
Mi musa, pícara con sus ojos de  avispada comadreja,   se ha marcado  unos pasos de claqué, y en plan confidencia, muy cuidadosa con el lenguaje inclusivo,   me ha aconsejado: «Ciela mía, te veo casi feliz, yo creo que  deberías volver a las andadas.»