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VOLVER A LAS ANDADAS

FOTOGRAFÍA/PEDRO LUIS RAOTA

Hoy, después de dos años, me he sentado a desayunar sola en un cafetín. No, no  creo que haya recuperado una viejísima costumbre. Simplemente se ha dado la circunstancia. Me he transportado: sonidos diversos, chasquido de platos, tazas,  jóvenes camareras que van y vienen. Una ruidosa algarabía que no me molesta. Me gusta sentirme rodeada de voces, como una gata en su sillón favorito . Es milagroso, durante años lo consideré el mejor momento del día. Feliz en mí misma. En ese instante, sola yo, con el ruido del mundo. Esos lugares me inspiran. Esto solo lo consigo por la maña, un café y lectura,  sobre todo periódicos. Preocupante la necesidad de mi  dosis diaria de mentiras  o medias verdades, y  alrededor el mundo con su blablablá. Por momentos me sobrevuelo a un  lugar que ni yo misma  reconozco, floto, me olvido de todo lo que no quiero recordar. Desaparezco. Ahí ,  donde acostumbran ,quedan todas  las cosas,  envueltas en  la roñosa realidad.
Mi musa, pícara con sus ojos de  avispada comadreja,   se ha marcado  unos pasos de claqué, y en plan confidencia, muy cuidadosa con el lenguaje inclusivo,   me ha aconsejado: «Ciela mía, te veo casi feliz, yo creo que  deberías volver a las andadas.»

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MAGOS DE LA PALABRA

Fotógrafo/Rogelio Cuellar

Borges visitó México en tres ocasiones: en 1973, 1978 y 1981. Fue durante su primera visita que Juan Rulfo, escritor mexicano, y Borges sostuvieron un diálogo:

Fragmento:

Rulfo: Maestro, soy yo, Rulfo. Qué bueno que ya llegó. Usted sabe cómo lo estimamos y lo admiramos.
Borges: Finalmente, Rulfo. Ya no puedo ver un país, pero lo puedo escuchar. Y escucho tanta amabilidad. Ya había olvidado la verdadera dimensión de esta gran costumbre. Pero no me llame Borges y menos «maestro», dígame Jorge Luis.

Rulfo: ¡Qué amable! Usted dígame entonces Juan.

Borges: Le voy a ser sincero. Me gusta más Juan que Jorge Luis, con sus cuatro letras tan breves y tan definitivas. La brevedad ha sido siempre una de mis predilecciones.

Rulfo: No, eso sí que no. Juan cualquiera, pero Jorge Luis, sólo Borges.

Borges: Usted tan atento como siempre. Dígame, cómo ha estado últimamente?

Rulfo: ¿Yo? Pues muriéndome, muriéndome por ahí.

Borges: Entonces no le ha ido tan mal.

Rulfo: ¿Cómo así?

Borges: Imagínese, don Juan, lo desdichados que seríamos si fuéramos inmortales.

Rulfo: Sí, verdad. Después anda uno por ahí muerto haciendo como si estuviera uno vivo.

Borges: Le voy a confiar un secreto. Mi abuelo, el general, decía que no se llamaba Borges, que su nombre verdadero era otro, secreto. Sospecho que se llamaba Pedro Páramo. Yo entonces soy una reedición de lo que usted escribió sobre los de Comala.

Rulfo: Así ya me puedo morir en serio.

***No he podido resisitirme ante el diálogo entre dos autores para mí geniales.

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REVUELO

Fotografía/Azurea20

Suave como un revuelo de
palomas llegaste para remover
una tierra ocupada.
Ni trinchera, ni machete ni fusil,
solo un poema herido de suave
abandono
escrito en la pared,
como una mosca espía,
vigilante
tenaz del misterio de la noche
yerma.