UNA GRATA SORPRESA

Guillermo Gamba

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https://labancarrotadelcirco.wordpress.com/…/04/05/lluvia/

Océanos y bosques cuidan la músicaO

Agua que me dibujas

Cuídame.

Cuando encuentres en la web este circo en bancarrota, siéntate y léelo. Es espectáculo de las palabras es lo bello.

http://www.facebook.com/ggamba1/posts/10158297090189599

Tras  un tira y afloja con mi ego he decidido colgar este post,  hallado, por pura casualidad,  en  el Facebook  de Guillermo Gamba. Guillermo Gamba es autor del   blog «Grano rojo».  Como escritor tiene toda mi admiración, su estilo muchas veces me recuerda a su paisano García Márquez. Quiero darle las gracias por su generosidad. Si no hubiera estado trasteando por Facebook,  jamás me hubiera enterado de este detalle. Gracias de nuevo, esta vez desde la voz de mi autoestima que lleva dos días vestida de brillibrilli y dando saltos de alegría.

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Mi agradecimiento también a «Masticadores»

«Masticadores de letras», es un colectivo de escritores que me ha invitado a publicar  con ellos. He aceptado, de modo que alguno de mis post aparecerá también en esa plataforma.

…Y MÁS

Ilustración/Álvaro Sánchez

Además de Loba también me llamo llanura
Alondra
Canto de ruiseñor
Dulce de leche
Caramelo de fresa
Me llamo almendra/metáfora que no adivinaste,
caracola,
farolillo sorpresa que no destapaste .
Me llamo espiga de  la risa,
amuleto de la suerte
fábula con música que tañe al ritmo de lluvia y las estaciones
También me llamo sábana de lino del dieciocho. Tizón rojo coronando las nubes.
Me llamo…verso sin rima.

La tarde se cae.
Soy la venus de la noche, 
la venus del alba.
Soy la estrella que cuelga el día
en la baranda del puente.

MENOS MAL QUE ESTÁS AQUÍ

Arde la tierra, cae fuego del cielo y yo poniéndome ciega de chocolate. El chocolate no es una de mis pasiones, pero es lo que tengo más a mano para mitigar fracasos y carencias. No, no elucubréis que clarifico el tema ipso facto. Mi frustración no es otra que la ausencia de palabras. ¡Ay, las palabras! Creo que han trepado por las paredes y han saltado por la ventana. No lo sé. Las llamo a voces pero nada, sordas como un muro de cemento. Sospecho que si alguna ha quedado, anda desperdigada, buscándose la vida en el rincón más fresco de la casa. Una preposición por aquí, un adjetivo por allá un verbo por otro lado, así las imagino, espaciadas, para que el aire ventile sus entretelas. Yo sé que están, las intuyo, y también las comprendo. Porque a ver, a quién le apetece con esta socarrina vestirse de tiros largos, alicatarse hasta las cejas, y bailar un tango “desgarrao”. Pues eso, que la biosfera no está para muchos meneos. Pero me duele, me cuesta masticar esta huida disimulada, este abandono a la chita callando, este ahí te quedas, seco como un pan de siete lustros. Es verdad que nunca me fueron muy fieles pero también es verdad que jamás me fueron tan esquivas.

En estos días sofocantes, de tardes largas y tiempo suspendido invoco a las palabras como la única salvación, como un oasis en el desierto. Podría parafrasear a Serrat con aquello de” no hago otra cosa que pensar en ti” con un “no hago otra cosa que pensar en ellas”. Pero no me rindo. No me rindo porque no puedo. Si desisto sólo queda este bochorno que me aplasta, de modo que sin saber para qué recorro el pasillo arriba y abajo, vagabundeo por aquí, y por allá y rien de rien. Es igual, yo sigo en medio de esta atmosfera plomiza, casi irreal, y entre la desesperanza y el descuido surge lo insólito lo increíble. Ahí, casi pegada a la rejilla del aire acondicionado, en la repisa de los adagios, va y me doy de narices con una tilde. Una tilde verdosa, medio agonizando, pero con la voz suficiente para advertirme muy seria: “si me tocas me licuo,   y si me licuo, qué, cuántas palabras que te gustan perderían su fuerza y su nervio. Ten cuidado con lo que haces. ¡Amiga!”. Uf, ni la rozo, por si acaso. Aturdida abro el balcón, el aire es una lengua de fuego, me siento, descanso y pienso: Es el calor. Este calor que me hace ver lo blanco negro, pero no, no. Justo en ese instante desde mi sillón blanco-roto,   observo a una metáfora, con el trazo agrietado, como se descompone en piruetas tratando de alcanzar una jarra de agua. Me ha visto o me ha intuido, porque en un plils plas se ha quedado inmóvil, aparentando estar muerta.¡ La muy perra!. Lo que yo decía, están aquí, escondidas. Abro armarios, levanto cortinas, miro, escudriño, y esta vez es un adverbio que chapotea en la bañera, chulo como un doble ocho, ha sacado la cabeza y me ha gritado: “¡Anda tía, déjanos en paz y vete con la música a otra parte!”. Glup.

Menos mal que estás aquí Nach. A ti ellas te aman.

Este post fue publicado en mi blog «Un puñado de canicas» en julio de 2015

¿TÚ, ERES FELIZ?


En su momento este mini diálogo, debió  llamar  mi atención  puesto que ha aparecido entre mis apuntes. Ignoro dónde ni cuándo le  leí.
Aquí está.

«-Tú eres feliz?

-Yo soy inteligente

-Ah, perdona»

A pesar de que quiero creer que le presto poca atención a este concepto, tan difícil de definir, que llaman «felicidad»,  tomé nota   y seguí  preguntándome.

Qué  es mejor:
¿Ser  feliz o inteligente?
¿Qué prefieres?

Se puede ser inteligente y a la vez ser feliz?

Ser inteligente facilita la felicidad?

Nadie pregunta: ¿eres inteligente?
Todos preguntan:  ¿eres feliz?

Nadie dice: yo quiero ser inteligente
Todos dicen: yo quiero ser feliz

El calor me calienta la cabeza y con tanto dar vueltas, puede parecer que estoy haciéndole un homenaje a la simplicidad del sonajero.

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Felicidad  Misteriosa: Esa torre de papel, esa nube  imprecisa, ese pájaro que vuela, ese castillo de arena, ese soplo de viento,  esa rosa de un instante. El mes de agosto nevado , el suspiro al despertar, la gota de agua en el asfalto, la corriente del río, la red del pescador.

Felicidad Misteriosa: Madeja que hilvana la quimera de las cigüeñas y las comadrejas.  Despéjame, limpia el sendero de la brecha  escarchada de un luto dudoso de colorear . Que los abedules  acunen las estrellas que esconde la niebla. Tráeme los cuentos que cuentan y cantan el escurridizo secreto de las arañas.   Deme solo una hebra del tapiz que teje  Penélope y yo continuaré latinando liturgias:

La lujuria lidera la liturgia

Lengua líquida lisonjera

líbame

lentamente, lujuriosamente

Lelicidad

líame los lienzos lisos

latiendo locos

Luciérnaga lúbrica ligando la luna

libera la luz

lía la libido

Libélula libre

leve ,

lejana levita lenta

lúcida

lava la línea límite

la lanza lejos.

Lee lo leído lúdicamente,

líricamente.

Lejos.

Lejos, ladra la luna

lunática Lelicidad.


LO PEQUEÑO

Fotografía/Aino Kannisto

Puedo atravesar todas las estrellas polares junto con todas las lunas oscuras. Lunas, soles, y noches  modelando palabras,  pero nunca alcanzaré la destreza del alfarero con la arcilla ni el arte del  orfebre con los metales.
Me pregunto  qué hago buscando poesía por las aceras humeantes y  los escaparates ciegos.
Sin salir de casa tengo mil motivos para hacer el poema, o para  creer que hago  un poema.
Para mí lo simple, lo cotidiano, lo del día a día. Yo pequeña, sin pretender ser grande.
Mejor hablar de mi lucha con la nevera  para que nada caduque,
del suelo de la cocina que a pesar de mi desafio siempre tiene migas.
La parálisis que me entra después de comer. Y como jode que los platos no se laven solos,  que la cama no se haga sola. Y ese polvo. Ese polvo que,  sin saber de dónde, llega y se posa terco e insolente  hasta poder escribir sobre él mi testamento de sombra.
El pan. Humilde pan olvidado encima de la mesa  que al día siguiente está como una piedra. 
El pan que fue sagrado. Que es sagrado.  Bendito pan.
La zanahoria renegrida, el tomate podrido, el yogur pasado de fecha, el bote de mermelada florecido. Mi atención y mi batalla con lo impar:
Los calcetines impares, las medias impares, los guantes impares las sábanas impares. Las tazas impares, los platos impares, los lazos impares, las notas impares.

Yo impar. Este impar decidido  a colocar en el altar mayor de los días el valor de las pequeñas cosas.