PERSIANAS

“Lo mejor de España, lo leí en algún sitio, no son las playas, ni el sol ni los bares. Lo mejor de España son las persianas, cualquiera que haya viajado lo sabe. Los españoles somos los únicos europeos obsesionados con ese mecanismo capaz de hacer la oscuridad en pleno día”.

Ayer se me rompió la persiana.  La  prosa de la vida: Esperar al fontanero, al electricista, al albañil, al de la lavadora… No puedo vivir sin persianas. Un dormitorio sin ese artilugio es como dormir al raso, despertar en la intemperie. Y aquí estoy esperando el persianista. Espero y espero, me parece que llevo esperando cien años.  Hemos quedado a las diez treinta y son las diez y veinte. Veremos. No voy a narrar mis noches porque a nadie le importan, pero he colocado un pie en el suelo y a partir de ese momento mi centro es la espera. Yo soy la espera. Ella lo cubre todo, el aura que me envuelve, la  campanilla que repica. Las once y veinticinco, ni una señal. La paciencia y yo no nos llevamos.   Loca: Un gancho. Un gancho donde colgarme. Una tijera,  que me corto el pelo, las orejas, la lengua,  las venas…Al fin suena el teléfono, se ha perdido. El de la persiana me dice que se ha perdido. Para llegar a mi casa todo  el mundo se pierde. No me gusta que mi casa sea un lugar difícil.  Diez minutos más tarde se presenta, atropellado y sudoroso, un joven  hondureño,  profesional,(la persiana a quedado perfecta) simpático y amable. Tan amable que calculando mi edad me ha quitado quince años, así, de un golpe. ¡Virgen de las Esquinas!   lo que tienen que inventar, imaginar y lisonjear  aquellos que, para llevarse un trozo de pan a la boca,  han de combatir sin descanso en la selva de este mundo.  La difícil tarea de emigrar, de sobrevivir.

ENERO

Fotografía- Laurie Anne Romagne

Enero siempre nos trae una extraña melancolía. Una espera, una casa por construir,  una torre de hielo por vigilar. Enero es el desgarro  ovillado entre músicas y  fantasías visuales. Una  muestra de los lacerantes dolores del alma, una proyección  del fiasco de la vida .  El aplauso  inoportuno de una lágrima inútil. Enero de incertidumbre  oxidada  envuelto en sueños y aleluyas, elefante  de niebla, aullido de cierzo con hambre de luz, de sol, de día, de piel.  Surtidor de tiempo  deletreando añoranzas en el alero donde anidarán las golondrinas. Enero, cabeza de cometa apuntando  la cara norte de los glaciares,  regálanos una sonrisa eterna que  alumbre la vida.