DONDE EL DOLOR DESCANSA

Fotografía–R.G. Buisan

El deseo sexual, si es recíproco, origina un complot de dos personas que hacen frente al resto de los complots que hay en el mundo. Es una conspiración de dos.
El plan es ofrecer al otro un respiro ante el dolor del mundo. No la felicidad sino un descanso físico ante la enorme responsabilidad de los cuerpos hacia el dolor.
En todo deseo hay tanta compasión como apetito. Sea cual sea la proporción, las dos cosas se ensartan juntas. El deseo es inconcebible sin una herida. Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, viviría sin deseo.
El cuerpo humano realiza proezas, posee gracia, picardía, dignidad y otras muchas capacidades, pero también resulta intrínsecamente trágico como no lo es ningún cuerpo de animal (ningún animal está desnudo).
El deseo anhela proteger al cuerpo amado de la tragedia que encarna y, lo que es más, se cree capaz. La conspiración consiste en crear juntos un espacio, un lugar de exención, necesariamente temporal, de la herida incurable de la que es depositaria la carne. Ese lugar es el interior del otro cuerpo. La conspiración consiste en deslizarse al interior del otro, allí donde no se les pueda encontrar. El deseo es un intercambio de escondites (hablar de «volver al útero» es una vulgar simplificación).
Tocar una pierna con mano de amante. Que sea para excitar o para relajar no supone diferencia alguna. El tacto aspira a alcanzar, más allá del fémur, la tibia o el peroné, el propio corazón de la pierna, y el amante completo espera acompañar ese gesto y habitar en él. No hay altruismo en el deseo. Al principio están implicados dos cuerpos y la exención, siempre y cuando se logre, los protege a ambos. La exención es inevitablemente breve y, sin embargo, lo promete todo. La exención suprime la brevedad y con ella las penas asociadas a la angustia de lo efímero.
Ante la mirada de una tercera persona, el deseo es un breve paréntesis. Desde dentro, una inmanencia y una entrada en la plenitud. Normalmente la plenitud se considera una acumulación. El deseo revela que es un despojamiento: la plenitud de un silencio, de una oscuridad.

John Berger / del libro “Esa Belleza”

10 comentarios en “DONDE EL DOLOR DESCANSA

  1. Me quedo absorto entre las palabras… Leo y releo para que no se me escape nada. Nadie mejor que un artista para dar voz a las sensaciones que trascienden incluso del propio placer para pinzar las emociones que guardamos en esa solidaridad piel con piel.

    Me encanta la fotografía, también.

    Salud.

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    1. He descubierto hace muy poco a John Berger. Escritor, crítico de arte, pintor, poeta… Me gusta mucho, estoy leyendo todo lo que he encontrado de él.
      La reflexión que hace en este post que cuelgo me parecen una maravilla.
      Salud.

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      1. Tampoco yo lo conocía hasta leerlo en tu bitácora. Buen y provechoso descubrimiento el tuyo que, al compartirlo, nos da la oportunidad de acceder a un hombre con tantos saberes cuyas huellas se pueden seguir. Gracias, pues.

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  2. Fantástico texto, precioso y sutil. Me ha encantado eso de que “El deseo es un intercambio de escondites”, que gran verdad. No conocía a John Berger, pero buscaré su obra. Gracias por compartir este descubrimiento. Un abrazo Azurea.

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