LA PREGUNTA

Y esta interrogación que me ocupa
que dialoga con el hueco de mi sed
con la luz de las velas
que no distingue entre la sombra
y la llama.

Fantasma, fantasía del balanceo del viento                                                    convertido en caótico remolino

Acaso eres tú la que pone
las cerraduras del revés
la de los ojos impares
la que anuda las palabras a su antojo
y solo en el hilo de la pausa
dibujas la certeza
Eres tú?

Tú, porfiada e insistente , pregunta
que trazas mi contorno
como semilla en el corazón de la manzana.

Hoy en el altar de escarcha
que nubla la pared
me pregunto si no será
mejor ser piedra
Piedra
con su capacidad de resistencia                                                                                    abrazar la fuerza que encierra e su interior                                                              como fruto de una conformidad eterna.

Cómo sería ser piedra?

EL GUARDIÁN DE LOS SECRETOS

En  casa de mi abuela todo eran alcobas. La única habitación monda y lironda sin una antesala delante  era  aquella. La llamábamos el Cuarto de atrás, y junto con  una cama camera, una arqueta y una butaca con un tapiz granate, había  una cómoda presidida por el retrato del padre de la madre de mi abuela. El abuelo Nericho. Estaba sentado en una silla de anea con las manos apoyadas en ambas piernas.  Vestía faja, calzón y chaleco negros, medias y camisa blancas, alpargatas, y sujetando la cabeza  algo impreciso entre cachirulo y turbante también de color negro. He de confesar que aquella fotografía me tenía hechizada. Nadie comprendía  mi fascinación. Es más .Un día  mi abuela me dijo: cómo no dejes esas manías, vas a terminar siendo una destarifada,  pero yo, tozuda como nadie , escogía el momento  en que cada uno andaba  a lo suyo, al menor  descuido y con la viveza de mis seis o siete años, corría escaleras arriba, me sentaba en la butaca granate frente al retrato de mi tatarabuelo  esperando  descubrir  los secretos que guardaba aquel hombre que miraba con seriedad.  Una seriedad que no me asustaba. Al contrario, la sentía extrañamente íntima, cercana y familiar.

Pasaron los años y  mi abuela  determinó  que yo no tenía nada de destarifada, ni de  extraña, ni de extraordinaria,  sino que  me había convertido en una persona de  tediosa formalidad  y tan normal  que si das una patada  salen veintisiete mil  como yo, y digo veintisiete mil por decir algo.  Así pues, tras llegar a  esta conclusión,  una tarde de cierzo endemoniado,  sentadas las dos alrededor de su mesa camilla, mientras ella calcetaba con cuatro agujas, me dijo: cuando yo muera quiero que el retrato del abuelo Nericho venga conmigo,  porque sino ya me lo imagino por ahí tirado sin arrimo ninguno, o bien dando saltos,  rodando  de un lado para  otro con un “aquí caigo, aquí levanto” agotador, sin encontrar aposento ni reposo en ningún lugar.  No me atreví a decirle que lo quería yo, con gusto me hubiera quedado con él,  pero sabido es que lo que quiere uno lo quieren todos, y  que se  puede  montar una  gresca fenomenal por un” quítame allá esas pajas” . Por reforzar el ejemplo diré que  reuniones familiares  han  acabado como el Rosario de la Aurora, sólo porque unos opinaban que el invierno había sido lluvioso, y otros que no, que más bien había sido seco. Y hasta guerras se han desatado y nadie  sabría decir por qué.  De modo, que recibí el encargo dispuesta a cumplirlo cuando llegase el momento.

Un día helador del  mes de Enero me avisaron de la muerte de mi abuela. Cuando llegué en la estancia resonaban los mantras católicos, entonces, el hermano pequeño de mi padre con gesto cansado y más colorado que de costumbre, se levantó, se acercó y me dijo al oído: Con ella va  el retrato del abuelo Nericho. No respondí. Me quité los guantes y el  abrigo, alguien  señaló una silla, y me senté  a esperar. Como todos.

Destarifada : en Aragón persona rara y con poco juicio.

Este post fue publicado el 31 de Enero 2012 y pertenece a mi primer Blog “Un puñado de canicas”.