DONDE ME RECREO

Escribo para que mis dudas  no me sean ajenas;  escribo para pintar de ironía y humor la mirada, la tristeza y todo lo que duele ; escribo porque vivo enraizada en las palabras y solo en ellas soy capaz de crecer; escribo  porque es como abrazarme a mí misma,  soñar con lo posible, peinar el barullo que llevo dentro y  disolver en niebla las ausencias; escribo para olvidar y también escribo para recordar, porque no soy dueña de mi memoria; escribo para robarle horas a las horas y no escurrirme en un punto suspensivo; escribo porque hay días huecos en los que me gusta inventarme la vida;  escribo para que mi voz tenga mil formas y mil maneras de ser alzada, para que mi voz no se calle, para que mi voz sea denuncia, caricia y júbilo;  escribo para recordar el mapa de tu cuerpo, el mapa de tu hambre y la senda de tu casa,  quiero   escribir sobre  la piel tersa   de tu pie izquierdo todas las cosas que nunca  te dije;  escribo  porque es lo que más me sustenta;  escribo  para alejarme del suelo,  sacudir el barro  y estar más cerca del cielo;  escribo para volver a sentir  el olor a tierra mojada,  a tardes de  verano, a  trigo maduro y  a lluvia con horizonte,  también escribo para recordar el cri, cri de los grillos, el vuelo de las mariposas, la lentitud del caracol, el canto de los pájaros, el ruido del tiempo  y el silencio del invierno; escribo buscando la belleza, porque solo la belleza de lo que no tiene precio me salva.

DASAYUNO CON DIAMANTES

Cioran: “inútil intentar asirme a los segundos. Los segundos se escapan: no hay uno que no me sea hostil”

Ayer llegó dios y se puso a desayunar conmigo. No tenía pintas de ser el Crucificado, ese al que algunos revestidos de bondad,  suplican y rezan.  No. Ya de entrada según lo vi pensé: A ver por dónde sale este,  que con semejante día de niebla no puede traer nada  luminoso. En fin,  como de apariciones, y fenómenos extraños voy sobrada seguí a lo mío,  le serví un  café negro como una noche negra y el silencio   se sentó en la banqueta. Un silencio extraño. Un silencio  con ojos de mar dorado. He de decir que  yo pasé un rato fatal, porque  el mutismo en presencia de alguien me pesa como una losa de siete toneladas.  Cuando el aparecido consideró oportuno,  con voz de traidor poderoso ,  me dijo:  mi nombre es Chronos y soy un dios. El dios del tiempo. Y yo:  Ooooooh, el dios del tiempo.  Pues muy bien, y qué.  Qué me querés decir,  boludo que sos un boluudo. Un boludo sin necesidades, ni apetitos, que  igual te da Juana que su hermana y que te pasas la vida mirando crecer la yerba como si nada fuera contigo. No me gustas. No me gustas, dios de  las noches, dios de los días, de las horas, de los minutos, de las lunas, de las mareas, de los solsticios, de los equinoccios…  Dios de los instantes. Estoy de dioses destroza vidas… el hartazgo es tan grande que  no encuentro lugar en mi cuerpo  para señalar hasta dónde estoy de vos. Dios de la Eternidad.  Si hasta los grandes pintores te han representado devorando a tus hijos.  Qué se puede esperar? Poca piedad desarrolláis. Solo siento  el ridículo que hice el otro día hablándote como si me escucharas. Ya debería saber que hablarte a ti  es como gritarle a las nubes. Ay. Humanos somos y tontos nos moriremos. Pobres soñadores de la Tierra precipitados a la Nada.

PD. Todavía no sé a qué vino. Tampoco me interesaba mucho lo que pudiera decirme. Con todo lo que yo le solté para mí fue un “Desayuno con diamantes”.  

RESPLANDOR NARANJA

“Mi mano siempre divaga y se retira antes de haber  conseguido alcanzar el codo del otro, su espalda. Manos en retirada soy, cuerpo en retirada, separado en medio del tráfago de los cuerpos. No sé abandonarme, ni siquiera en el deseo, ni siquiera desvaneciéndome en ti. Yo entro en el deseo y tal vez descanso, pero  enseguida se enciende  un cerco luminoso, un resplandor naranja e intermitente que me incita a cruzar, a correr”.

Belén Gopegui “La escala de los mapas”

2020

Redondo brillante

y vestido de suerte.

Así te quiero

sin velos de penumbra

sin aguaceros hirientes

sin cicatrices de ausencia

sin la presencia en los dientes

Así te quiero

con las palabra precisa

con la canción de la Tierra

con las manos bien colmadas trayendo lo que me debes.

Así te quiero

Tus andares indiferentes

y ciegos

no se detienen.

Para terminar te pido,

sabiendo que no me oyes,  

que si me quieres mirar

mírame,

pero mírame de frente.

Como a una diosa que acaba de nacer

Como a un río sediento que invita a navegar

Como a una sábana sin sombra  que reza al atardecer.