SOLO CANTO BOLEROS

Hay personajes en los que merece la pena detenerse.  Me chifla Arturo Pérez Reverte, es más, me rechifla. Qué hombre. Voy a leer todos sus libros, sus artículos, sus ensayos. Todo.  hasta sus pensamientos, si me deja. Aunque fuesen salpicados de algún que otro  plagio me servirían.  Quién pudiera navegar por semejante explanada de sabiduría. Sublime. No fue en un pueblo con mar. Fue una noche de sábado, en la tele.   Yo, cantante de boleros,  estúpida entre  los estúpidos,  gilipollas entre los gilipollas y no sé cuántas  cosas más, que ya señalará cuando sea el momento  Don Arturo, quedé encandilada con su saber.  Desde su conocimiento y  su altura ve muy clarito  del pie que cojeamos  la mayoría de los españoles, también sabe  lo que nos conviene.  Además de Ilustrísimo es un elegido,  un elegido por los dioses que  conoce  de sobra dónde empieza y dónde acaba lo necio, lo palurdo   y lo zafio. Un ilustrado con olor a profeta que me cogió por los “pelos” y me sentó frente al televisor aquella noche lluviosa mientras me desgañitaba con  “Si tú me dices ven” .  En fin, que puso sobre el tapete muchas verdades, entre otras el  feminismo. El feminismo serio, aquel que él conoce,   nada que ver con esas mujeres deshilachadas, desmelenadas y desatinadas que andan por ahí. Y el Rey… Nuestro Rey.  Un par puso encima de la mesa, cuando sin tapujos ni complejos amarillentos manifestó: “mejor fiarse del rey que lo tenemos controlado y  es una buena persona, que ponernos en manos de un mindundi qué  vete tú a saber por dónde nos avienta”. Así lo dijo.  No me extrañaría que haya  quien se pregunte, porque hay paisanos para todo, ¿y éste? ¿quién es éste, para hacer semejante afirmación?. A mí me da por pensar que igual son familia. No lo sé. Yo, hasta ver qué pasa, seguiré con mis boleros.

GRANDES AMIGOS DE FACEBOOK

Ni siquiera un poco de fuerza. Fuerza para que no te destruya el toro. Ese toro que no muda la piel,  que embiste con la fiereza de siempre. “A ver, quién manda aquí. Quién tiene la voz. Quién la palabra. Quién la inmunidad. ¡Cuidado! Que nadie lo olvide. Seguimos. Los amos”. Y tus amig@s mudos, escondidos debajo de una manta,  pequeños roedores corriendo hacia su madriguera para salvar del peligro sus pingos con botones.. Ojalá que ahí, donde te han empujado, encuentres el tesoro cubierto de vida que atiende a quienes van al fondo.

No te conozco  Enrique Tenreiro, pero me temo que,  después de todo habrás concluido que atreverse  tiene  precio.  Que la ingenuidad se paga cara, que la libertad está colgada en las nubes y que la utopía solo es una palabra escrita en el diccionario.  Ánimo para ti y para todos  los que amamos la libertad, porque nada ni nadie nos hará creer  que el miedo nos salvará.